Criticas

Pinto texturas, momentos y materia de los espacios del ser. Aquellos vestigios silenciosos que nos gritan cromáticamente su agonía
Guillermo Santana (2007)
“TRASUNTO DE LUZ”
“La memoria pierde intensidad e idealiza, como las paredes deslavadas transfiguran su
cromatismo dramatizando su historia en escenarios urbanos, soleados, sombríos.
Anfitriones inmóviles, indiferente a nuestra mirada que trasunta su historia paralela
reflejando la nuestra y configurando calles, ventanas, puertas,
con personalidad propia, ecos de nuestro colectivo, el arte recoge este mensaje en su
lenguaje de color y composición convirtiéndolo en eterno y universal
Guillermo Santana abril 2010
“Evocación Latente”
La ciudad despierta. Amanece y se hace arte. Así, con silencio y quietud la encontramos,
en lo perfilado, entre perspectivas de profundo trazado, entre arquitecturas que alzan altivas su
perfección y equilibrio.

La ciudad. Frenesí y contaminación… tal como la conocemos. Pero hay otra ciudad: la que
cuenta la historia de sus calles y jardines, las de un andén en espera, las de una ventana abierta al sol, donde el espacio y el tiempo encuentran su más valiosa representación. Todo queda en
nuestro recuerdo dependiendo del cristal con que se mire, y el que sugestiona el lienzo es un
cristal transparente de su mejor mirada, la del caminante poeta de la gran ciudad.

Así es la obra de Guillermo Santana, veraz y armoniosa al unísono, apasionada al arte y
romántica en añoranzas, de seguro proceder y mostrando la magnificencia de lo más cotidiano
renovado, porque nos invita a detenernos ante lo que muchas veces vemos, pero en lo que no nos detenemos, una frágil aproximación que enmarca en andamios y crucetas y hace mejor cada día nuestra realidad, una mirada sigilosa del vagabundeo madrugador.

Son musas las suyas contemporáneas, revestidas no de sedas sino de hierro y acero,
dulcificadas por atmósferas cerúleas y rosáceas. No encontramos personajes en ellas, sino que el artista reflexiona sobre lo que fue y aconteció en ellas. No hay soledad, por tanto, porque
permanece latente la evocación de los que están o estuvieron allí.

Otra faceta es la que reflexiona sobre el recogimiento místico, la de otras musas
inspiradoras de dones, elegancia y artes. Cuentan las crónicas de Pausanias que originariamente se adoraba a tres musas en el monte Helicón en Beocia: la primera de ellas era alegoría de la
meditación. Sus livianos movimientos y transparencias prestan atención a los sentidos, a la
gracilidad de la vida, sus marcos son el infinito y su realidad es la interna, testimonio y evidencia de la fe.

Guillermo sabe que la buena obra de arte no depende de los formatos, sino de cuanto
incluimos en ellos, y el buen artista sabe encontrar en lo sencillo la afección plástica, llamando
nuestra atención no por la belleza de lo representado sino por hacer bello lo que representa.
Revista Arte en Valencia (15-Nov-2008)

Guillermo Santana, Realismo Meditado con Aire Poético
Realismo meditado conservando cierto aire poético. Y es que hace falta entender de
poética y gracilidad en cada elemento para singularizar en la pintura una sinopsis de romanticismo.
Es virtuoso y virtual porque la realidad posee dosis no solo de calidad sino que también genera
entornos sintéticos en tiempo real bajo el síntoma de la gracilidad reteniendo una realidad más
tangible, más deseada.

Revista Arte en Valencia (15-feb-2008)

“Historias no contadas o la poesía de lo subyacente”
Lo importante no es lo que se cuenta, sino lo que no se cuenta. Una y otra vez he repasado
los cuadros de Santana. No creo que busquen un efecto hedonista mediante el calco a priori o la
relectura de la realidad. Es cierto que roda arquitectura urbana trasunta, en sí misma, una
creatividad y un concepto de belleza en las formas, que contiene una estética propia,
independiente la subjetividad del retratista. Santana, sin embargo, compila fragmentos urbanos
con la intensión subyacente de proyectar una trama más allá de la apariencia apacible de esos
muros y fachadas, de esos trozos de ciudad, donde coexisten lo onírico, lo mágico y lo real. El
rostro oculto del paisaje citadino, las historias sugeridas, las historias enclaustradas, lo no explícito
encuentran su propio asidero, para que el observador las redescubra. Lo mismo sucede con sus
naturalezas muertas. Siempre hay un qué inquisitorio y dialogante. En esta segunda muestra
personal en el espacio de la galería Imprevisual, el artista nos introduce además en una nueva
etapa creativa volcada hacia lo esotérico y lo místico. Esta transgresión quizá nos revele algo de
esas historias no contadas: la poesía de lo subyacente.

Raimundo Díaz (2008)
España
Guillermo Santana
	
Santana entrega al observador una butaca privilegiada desde la cual puede ser testigo de
la historia de las cosas cotidianas que nos comunican su más íntima y pura esencia en una
comunión que sólo se da en el silencio
Ariel Rojas (2007)
Licenciado en Arte
Chile
“Arrullos y Silencios”
Es de esas casas donde la huella del tiempo ha dejado cientos de recuerdos. La temática de Guillermo Santana es onírica desde su iconografía. En ella se desprenden sentimientos silenciosos entre tejados, vías y caminos urbanos. No en vano la muestra que encontramos en la sala se titula “acercamiento”.
“Las voces de una memoria, las voces de una intimidad, el eco de un canto, el aroma de
una humedad, la fragancia de una sombra”, como califica Raimundo Díaz. El claroscuro y las
texturas que entrevemos pertenecen a caserones solariegos del entretejido urbano; entornadas,
nos invitan a detenernos en su encanto histórico; sus tejados esperan el caminar liviano y presto
de los felinos y sus ventanas el asomar curioso entre balcones de forja aderezada. Las puertas son añejas y sin embargo, cuando el sol está bajo, juegan con su simetría los contrastes de las
arboledas.
Parece que oímos el arrullo de las palomas que imprimen espiritualidad a los vestigios que fueron poblados. Vuelan desde muy lejos, desde Santiago de Chile, y cada uno de sus blancos
vuelos no hace sino rememorar y teñir nostalgias del ayer.
El realismo no consiste en pintar la escena miméticamente, sino en interpretar de la misma los rasgos esenciales que le confieren carácter próximo al surrealismo, cuantos detalles quedan retenidos y cuyas líneas marcan al igual que las palomas los vuelos rasantes que fija la atención de nuestra mirada. De este modo, la obra es fiel respecto a la realidad, porque de ella extrae sus equilibrios figurativos, sus formas cardinales y su cromatismo perdurable, aunque el paso del tiempo, la humedad o el viento hayan dejado la estampa de su paso.
Guillermo Santana sabe desentrañar los vestigios de los objetos en cuantas cosas tienen
que narrar. “Algo que tantas veces hemos mirado pero nunca hemos visto”, enjuicia el artista.
Cuanto observamos es testigo del transcurrir del tiempo, cada momento reseñado en la obra
detiene su presente para convertirse en pasado, lo mismo que los muros, tejados o andenes
reseñados, tienen una historia que revelar y un camino que descubrir. Guillermo Santana ha sabido descubrir la autenticidad en la sencillez de lo cotidiano, tarea ardua que no hace sino manifestar la sensibilidad propia de una vida apasionada, la propiamente artística
Beatriz Vázquez (Abr-2007)
Valencia, España
Si el antiguo pacto de los dioses y los hombres era un consuelo, Guillermo Santana
rehabilita este acuerdo no para salvarnos sino para revelarnos “un mundo otro” recuperar nuestra sombra. Auscultar nuestra propia realidad interior como necesidad. Una esperanza como morada local en los ojos, aprendiendo a “ver en nosotros”.
Sabiduría renuente incluye una manera de explicar: caballos transfigurados en ríos de luz;
un ángel guardián y su espada; contra eclipses, su pureza: unicornio, caracola y su eco (noción del yo) su música, ciclo de manifestación, cielos, lo sagrado. Fuego de los dioses iluminación no
buscada.
Francisco A. Márquez (1999)
Historiador del Arte
Chile
La obra pictórica de Guillermo Santana (1963) se nutre de la búsqueda constante e
incesante de la trascendencia, aspiración consubstancial a todo proceso creativo.
En su caso el repertorio de imágenes oscila entre el paisaje urbano y la contemplación de
objetos de la naturaleza, la confección de retratos y de temas místico-religiosos.
Con la lentitud propia del oficio, asimila y se aplica a ella con esmero y paciencia de
artesano, faena que transfiere al imaginario. 
Más que una manualidad adocenada y fría, es una cierta forma de ser… asumir y percibir
tanto su propia existencia como la de otros.
Enrique Solanich (1997)
Chile
“VORTICES DE LUZ”
Las ciudades hablan; las puertas callan. ¿No será al revés? Eso dicen, que es silencio lo que encierran los pórticos y las ventanas.

Quizás sea la claustrofobia o la paz que anticipan los picaportes o la intimidad que ocultan
las cerraduras. Allá en esa inmensidad oscura -o iluminada- de nuestra insaciable curiosidad
pueden escucharse voces ajenas y distantes. Las voces de una memoria, las voces de una
intimidad, el eco de un canto, el aroma de una humedad, la fragancia de una sombra. ¿Se ha
detenido alguna vez frente a una puerta cerrada para preguntarse que encierra o que oculta? Si no lo ha hecho, lo hará esta vez. Con mirada inquisidora, el pintor Guillermo Santana nos invita a
recorrer un especio ínter fronterizo donde los objetos se exhiben con gran naturalismo, mientras
paradojas y yuxtaposiciones infunden un sentido sobre natural o de misterio a lo común. El artista
desdibuja los límites entre el realismo y lo que algunos críticos definen como “realismo mágico”,
para convertirnos en curiosos escudriñadores de lo inadvertido, del detalle que no se percibe.
Debe ser una manera de recordarnos como lo cotidiano, a fuerza de costumbre, se vuelve
indiferente ante nuestra mirada. Los objetos tienen su propia voz. Créalo o no, estas puertas
vetustas, anfitriones inmóviles en fachadas de casonas y edificios centenarios, hablan y
contemplan infalibles el transcurrir de la ciudad. “Algo que tantas veces hemos mirado pero que
nunca hemos visto”, dice Santana al describir sus reacciones. ¿Se atreve usted a abrir estas puertas hacia esa otra realidad?
Raimundo Diaz
“Calles recuerdos y sombras”
En el paisaje urbano transitamos calles viejas con murallas de adobe y piedra, silentes añosas y somos parte invisible de ese paisaje.

Observamos y pertenecemos al espacio configurado por la urbe, lo transitamos una y otra vez y como un cuerpo viejo, sus arterias se van desgastando y resquebrajando para, mostrarnos colores, luces y sombras que poco a poco lentamente van dibujando la historia de sus habitantes. 
El tiempo escribe petrificando en sus paredes cromatismos, tonos y texturas infinitas.
Poemas visuales, filosofía subyacente en lo transitorio, verdad …., belleza.
Centro cultural Rafelbunyol (2010)
Guillermo Santana